Cuando era niña los adultos se vestían raro…

Lo que aprendí al crecer

Yo crecí en los ochenta, esa divina época de inocencia y vida mucho más tranquila. Esa época fabulosa que nos recuerda la serie Stranger Things, con los pantalones acampanados, playeras a rayas y cabellos abultados.

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Cuando tenía 8 años no tenía idea de cómo combinar la ropa, ni si mis zapatos combinaban con el outfit, jamás se me ocurrió decir “no tengo nada que ponerme”, a menos que no hubiera ropa limpia y, realmente, mi imagen era lo último que pasaba por mi mente Aún recuerdo la primera vez que me sentí incomoda con mi vestimenta; estaba en 6to de primaria y tenía un bailable escolar, debía vestir de blusa blanca, falda con crinolina al estilo de los cincuenta. Mi mamá compró un vestido que nada tenía que ver con el vestuario y así me fui, con un vestido de los ochenta, nada que ver con los demás bailarines.

Lo que más me marcó, fueron las miradas de mis compañeros y ver que yo no había cumplido con el código de vestimenta. Esa sensación me hizo sentirme mal, pero pronto pasó y se me olvidó.

En mi primera comunión usé un vestido blanco largo divino, me sentía importante y linda, ahí empezó la semillita, pero aún faltaba para florecer.

 

Las mujeres en mi familia siempre lucían guapas y con una belleza “effortless” que me impactaba. Yo juraba que despertaban así siempre.

Mis adultos

Mi abuelita es la referencia más importante que tengo del cuidado de la imagen, ella que no podía andar sin tacones, siempre lucía bella para un evento y no olvidaré jamás su lipstick rosa que además de usarlo para la boca, aplicaba también en las mejillas y sobre el párpado. A lo que muchos años después denominé el “unimaquillaje”.

Mamá por otro lado era bella y sí… ¿quién no veía como una diosa a su mamá en esos tiempos?. Solía llenar su cabeza de tubos y cubrir con una mascada, obteniendo una cabellera hermosa. Aplicaba corrector blanco en sus ojos hundidos para quitarles la profundidad, un poco de delineador azul y siempre iba atrayendo miradas por donde iba sin darse cuenta.

La última lección acerca del porte lo aprendí de mi amado abuelo, quien se vestía siempre perfecto. Aún jubilado y sin tener alguna cita, usaba zapatos de doble hebilla (el más elegante), calcetines de media y pantalón de vestir. Llevarlo al doctor era toda una experiencia, los doctores lo respetaban mucho. Estoy segura que la vestimenta, personalidad y trato, todos ellos componentes de imagen pública, tenían mucho que ver en ello.images (1)

Mientras iba creciendo mi imagen seguía siendo un desastre. En la secundaria descubrí el rechazo por mi aspecto, no sé si fue mi piel morena, los rizos despeinados o el total descuido sobre mí, no me juzguen fue una época complicada y mi madre andaba en un doloroso divorcio. Solían llamarme como una cantante de raza negra con cierto nivel de burla y no me habría impactado, de no ser por la risita y mirada burlona que le acompañaba.10521696_10153034719156344_6234117941615196018_n

 Reflexionando

El periodo de adolescencia es un periodo complicado donde los instintos convergen con la educación. Supongo que la burla es inherente a la naturaleza humana como acto de superioridad, pero es terriblemente traumática para todos. Me atrevo a decir que no conozco a una mujer que no tenga una historia similar, sin importar el tipo de cabello, la altura, el tono de piel, básicamente cualquier cosa que resalte tu físico será objetivo de señalamiento por aquella persona que necesite autoconfirmación (una bonita manera de decir que esa persona se siente tan mal consigo misma que necesita confirmarse maltratando a los demás).

Ejecutando lo aprendido…

En la prepa le puse más ganitas a mi aspecto y mis relaciones sociales cambiaron. Me lancé en la búsqueda de un acondicionador para calmar mis chinos, me inicié en el maquillaje y elegía con cuidado mi ropa.

Resultado: tuve muchos amigos y también algunos novios. La vida se fue acomodando.

Ejercer el poder de la imagen te brinda beneficios que pueden cambiar el trato y la actitud de las personas con las que te relacionas y tiene más importancia de la que queremos reconocer; si entiendo, que sentirse aceptado por lo que uno es, antes de cómo luce es lo que deseamos. Sin embargo, todos sabemos y más las madres, que depende de cómo luzca el alimento, el niño tendrá más probabilidad de aceptar la prueba inicial ¿cierto o no?

La imagen personal es lo que abre la puerta para que otros se interesen por conocer tu interior, así que así he avanzado por la vida, ejerciendo el poder de la imagen y disfrutando sus beneficios en cada reunión del colegio, cada cita con cliente, cada evento familiar y cada momento de mi vida.

Mejor aún lo implementé en mis hijas en ese periodo difícil de la pubertad- adolescencia y les brindó más seguridad, confianza y poder personal, así que todo el aprendizaje valió  la pena al verlas felices socializando por allí.

10398397_99869716343_1138371_nEn algunas cosas cuando era niña la vida era mejor, específicamente en la sensación de libertad y tranquilidad infantil, pero en otras definitivamente estoy mejor ahora con más seguridad y paz. Quererse también es cuidarse. Quieran a sus niños y cuiden de ellos también.

Recuerden que no todo lo que decimos se les queda y mucho de lo que hacemos lo absorben.

Con cariño,

Lau Alvarado


28741352_10215738807162434_1049438681_n-1-300x300Lau- autora de éste artículo- es parte de las Mexibloggers, en ésta serie te compartimos sucesos de nuestra infancia, y la manera en la que han impactado nuestras vidas desde la peculiar óptica de cada una…

Puedes seguirla directamente en sus redes sociales y leer su blog en Facebook Instagram, Youtube, y en My Sense of Beauty Blog 

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