Eso de los “perri-hijos”…

Por Cris Mendoza

Sí, es moda. Al menos en la Ciudad de México hay una gran cantidad de hogares
que tienen perros. En muchos de esos sitios no hay niños y se está viendo más el
fenómeno de parejas que no tienen hijos pero sí perros. ¿Es una tendencia de la
modernidad?
Las tiendas de cosas para mascotas invaden ya los centros comerciales y los
parques de ciertas delegaciones cuentan con zonas cerradas para soltar a los
perritos. En el Parque México dentro de esa área había una letrina para las heces
y, al lado, un bote para las bolsas. Qué educaditos nos estamos portando. Pero,
¿la cultura de adopción está volviéndonos distintos?
Yo creo que sí.
No lo rescatas a él, él te rescata a ti
Esta es una frase que aparece en todos lados cuando se habla de adopción de
mascotitas (en especial, canitos). Es una manera de avisarte que tu vida va a
cambiar. Y sí, lo hace.
Mi Cinna me ha enseñado tanto, tantísimo que no sé ni por dónde comenzar.

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Desde los 9 años en mi casa materna hubo perritas, de esas que vivían en el
jardín y que poco a poco se fueron metiendo a hurtadillas dentro de las recámaras
de los niños hasta finalmente vivir dentro de la casa. Eran perritas muy queridas y,
la verdad, súper listas. Puchi y Nenya. Eran, eso, perritas de casa.
Vivir en la Ciudad de México, en departamentos pequeñitos sin patio o jardín, hace que el estilo de vida sea muy distinto, así que cuando Cinna llegó a mi vida inicié
rutinas que nunca me hubiera imaginado: los paseos para ir al baño, la convivencia con gente que tiene perros y de ahí… bueno, casi todo eso que se retrata un mucho en tono de burla sobre los perri-hijos. Ya saben: playdays (¿o sólo me pasa a mí?), impermeables caninos para la lluvia, visita obligada a la sección de perros del súper, tener siempre algún tipo de carnaza en casa, búsqueda de guarderías o pensiones caninas, juguetes diversos con sonidos agudos, terapeuta perruna, entrenadores, veterinarios, parques, restaurantes pet friendly, centros comerciales donde sí admiten perros…
Eso que una madre de perrito hace.
Seguramente han visto el video en el que se establece por qué tu perro no es tu hijo pero que tú eres su madre. Y quizá las personas que no tenemos hijos no podemos “comparar” ese amor pero, casualmente, tengo amigas que sí tienen y sus perros son uno más de ese paquete que aman. Una, de hecho, me dice “Mi chiquita es mucho mejor portada que este par de cabrones que, ay, qué difíciles son”, refiriéndose a sus adolescentes.
No, no es tu hijo, es tu perri-hij

Sin vuelta atrás

¿Cómo sé que llegué a ese lugar maternal innegable? Lo confieso: nunca había realmente seguido las instrucciones de una medicina cada cuatro horas. Hasta que tuve que ponerle gotas a mi cachorra para que salvara su ojito. Alarma en mano, sin importar la hora, gotas de manera religiosa, con batallas campales de por medio para lograrlo. Ahí me di cuenta: ya formaba parte de ese grupo tan burlado.
Mi rutina incluye los paseos con Cinna y son ya inconscientes. Ni me lo cuestiono.
Aunque sea una vuelta a la cuadra para que haga del baño y tome aire antes de
estar encerrada durante toda mi jornada laboral.
Muchos dicen que le hablo como humana pero no sé hablar de otra manera. Y sé que me entiende. Nos entendemos perfecto. Es ridículamente lista, es amorosa (casi con todos más que conmigo, canija), amistosa y bien portada. Con todo y el caos del principio, nunca ha lastimado mis zapatos o algo personal. Nunca.

Y yo… estoy enamorada de ella sin remedio. Mi corazón se expande cuando pienso en ella. La ternura que siento es infinita, es innegable. Mi preocupación por ella es absoluta (quizá, para muchos, exagerada) y mi amor es real.
Un perrito no será tu hijo pero sí, eres su madre. Por todo eso que haces por él o por ella, pero en especial, por esa maravilla que te hacen sentir. Te regalan la posibilidad de experimentar una sensación increíble: amor. Un amor distinto, un amor real. No esperas que sea recíproco, no es “ganado”, está. Sólo está.
Yo siempre digo: si no tuviera a Cinna todo este amor que me hace sentir estaría completamente desperdiciado, no se usaría, estaría inerte y eso, sería una lástima.

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Creo que sí soy una madre gracias a mi cachorra de cuatro patas… he crecido
tantísimo desde que está en mi vida. Soy infinitamente menos rígida, soy más
alegre, más sencilla, más amorosa. Es mi termómetro para medir mi neurosis y me
reconozco más paciente. Me relaciono con la vida de maneras distintas y creo que
ahora me preocupan otras cosas. Cinna es mi compañerita y pienso en ella
cuando planeo algo. Me acerca a la gente y me conecta con el mundo. Aprendo a estar en el aquí y en el ahora (sí o sí) porque hay que estar pendiente que no se atraviese las calles tras un chavo en patines o quiera correr a cazar pájaros.

Mi lado maternal está presente todos los días, así que sí: soy una madre de perro.
Por ridículo que les pueda sonar eso.


Éste texto es uno de los del seria del mes de mayo con las Mexibloggers…28741352_10215738807162434_1049438681_n-1-300x300
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Checa los demás artículos del serial:

Puedes leer aquí en el blog de Lau alvarado mi artículo. Hablo de 6 cosas que debemos evitar a la hora de criar a nuestras hijas. 

En el blog de Cris podrás leer cómo es tener hijos prematuros.  

Susana agradece a su mamá en el blog de Mony moreno

Lau Alvarado nos dice cómo canalizar la energía materna hacia la sociedad https://www.gwmagazine.mx/sin-categoria/del-amor-materna…amores-derivados/ ‎

Y en Mamá ejecutiva puedes leer sobre las mujeres que nacen para ser madres…

 


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